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Lecciones de liderazgo: Trabaja con los mejores

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Liderazgo

Para llegar lejos hay que trabajar mucho pero si a esto le unimos el factor de trabajar con los mejores, los resultados pueden superar sobradamente nuestras expectativas.

Tal es el caso del polifacético empresario Steve Jobs quien relata en el libro “Lecciones de liderazgo” los pasos a seguir para alcanzar los objetivos y metas que nos proponemos.

Jobs se caracterizaba por ser un jefe un tanto impaciente, con mal genio y exigente con todos aquellos que le rodeaban. Su actitud le creó una fama de pocos amigos, no obstante, esta forma de ser le llevó a conformar un grupo de personas (los artífices del Mac) que, a pesar de la brusquedad de sus palabras, no dudarían en volver a pasar por esta experiencia y trabajar conjuntamente con quien fuese uno de los mejores empresarios y magnate de los negocios del sector informático y de la industria del entretenimiento estadounidense.

Su trato con los demás, pese a que no fuera encomiable, era el resultado de su afán por la perfección y su deseo de trabajar únicamente con los mejores.

De esta forma, evitaba que se generase la llamada “proliferación de estúpidos” que se produce cuando los responsables de una organización son tan educados que la gente común y vulgar se siente a gusto sin hacer nada.

En sus propias palabras afirmó: “no creo que sea desconsiderado con los demás pero si algo es un asco, se lo digo a la gente a la cara. Mi trabajo consiste en ser sincero”.

Puede que cambiando su actitud o comportándose de una forma más afable podría haber conseguido el mismo objetivo y Jobs no dudaba de ello pero reconocía que no podía ocultar su forma de ser y actuar.

Y en este sentido, suponía que podría haber una alternativa mejor comparándolo con un club de caballeros inglés en el que todos llevasen corbata e intercambiaran información a través de una especie de lenguaje privado con “aterciopeladas palabras en clave” que sólo ellos entendían. Sin embargo, él no conocía esa alternativa porque provenía de una familia californiana de clase media.

Considerándose incorrecto o innecesario este comportamiento grosero e irascible, Jobs podría haber motivado a su equipo con otros métodos. Según la opinión de su compañero y cofundador de Apple, Wozniak, Steve podría haber realizado sus contribuciones sin “aterrorizar” tanto a sus empleados.

Wozniak se describe como una persona más paciente y que evita entrar en conflictos ya que una compañía cree que puede ser una buena familia pero reconoce que no sabría haber llevado la batuta de este proyecto de Macintosh tan bien como Jobs.

Hay que destacar que la aspereza y tosquedad de Jobs caminaban conjuntamente con la gran capacidad que tenía para inspirar a los demás. Lograba infundir en los empleados de Apple una pasión indómita por crear y fabricar productos de vanguardia y la confianza en que podían lograr lo que parecía imposible.

Debemos juzgarlo por sus resultados y no tanto por los mecanismos utilizados para llegar hasta aquí. Él pretendía cumplir unos objetivos fuera como fuesen las vías para su fin. Era exigente con su trabajo y en su mente estaba alcanzar lo que fue conocido como una revolución informática: la línea de ordenadores personales diseñados y comercializados por Apple, los Macintosh, abreviado como Mac.

La producción de Mac está basada en un arquetipo de integración vertical en los que Apple ofrece todas las configuraciones de hardware y fabrica su propio sistema operativo que viene pre-instalado en todos sus ordenadores. Esto contrasta con los PC preinstalados con Microsoft Windows, donde un vendedor proporciona el sistema operativo y múltiples vendedores el hardware.

Jobs tenía una familia unida y lo mismo ocurría en Apple. Sus principales empleados trabajan más tiempo y eran más leales que otros trabajadores de otras organizaciones que contaban con jefes más amables y considerados.

Aquellos directivos que estudian y analizan a Jobs y deciden imitar su antipatía frente a sus empleados sin entender su capacidad para conseguir la lealtad de los mismos, están cometiendo un grave error.

[Tweet «¿Un jefe brusco y exigente consigue lo que se propone? «]

“He aprendido con el paso de los años que cuando cuentas con gente muy buena no necesitas estar siempre encima de ellos. Si esperas que hagan grandes cosas, puedes conseguir que las hagan. Pregúntaselo a cualquiera de los miembros del equipo que creó el Mac. Todos te dirán que el sufrimiento mereció la pena”, explicó Jobs. Y ciertamente es así, muchos de sus trabajadores pese a los duros momentos que atravesaron en la fabricación del Mac afirman abiertamente que volverían a trabajar nuevamente con Jobs.

Uno de ellos, Debi Coleman, recuerda alguna que otra reunión en la que Jobs podía gritar numerosos improperios y debilitar psicológicamente. Aun así, se considera la persona más afortunada del universo por haber trabajado con él y haber formado parte de su equipo. Un equipo donde solo tienen cabida los mejores.

Está claro que Jobs empleaba unos mecanismos bastante discutibles, pero mucho después de que su personalidad cayera en el olvido, la historia siempre recordará a este innovador estadounidense en su forma de aplicar la imaginación a la tecnología y a los negocios.

Su controvertida y polifacética actitud ha hecho que numerosos empresarios extraigan de su biografía o publicaciones diversas lecciones de gestión empresarial. La esencia de Jobs es que su personalidad era connatural a su forma de hacer negocio.

Actuaba como si las normas y exigencias no fueran con él y la intensidad, pasión y emoción con la que vivía su vida fueran elementos que también plasmaba en los productos que inventaba y fabricaba. Su exasperación y carácter eran una parte esencial de su perfeccionismo.

Seguro que leyendo este post habrás entendido mejor la forma de ser de Jobs y su empeño en conseguir grandes proyectos en base a rodearse de los mejores e inyectándoles la confianza suficiente para que pudieran crear aquello que parecía imposible.

Porque los inconvenientes los ponemos nosotros e intentarlo siempre hará que conozcamos nuestros propios límites.

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