Liderazgo

Steve Jobs nos ha dejado un legado de 14 lecciones de liderazgo a aplicar en nuestros negocios para que trabajemos en conseguir lo que él logró, que hoy estemos hablado de él por sus éxitos.

Para Steve Jobs, la concentración, primera lección de liderazgo, iba acompañada de la necesidad de simplificar las cosas. Para conseguir la simplificación debemos centrarnos en la esencia de las cosas y eliminar todos aquellos componentes que no sean necesarios.

Apple, en su primer folleto de publicidad lo afirmaba con la siguiente frase: “La sencillez es la máxima sofisticación”.

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Si comparamos cualquier software de Apple con cualquier otro podemos comprobar que Apple siempre se esfuerza por hacerlo agradable a la vista, manejable, intuitivo y cómodo para todas sus funciones.

Podemos decir que un factor importante decisivo en el alcance de la gloria de Apple es la búsqueda de la sencillez.

Para comenzar a simplificar es suficiente con hacer un análisis realista de las cosas que hacemos habitualmente, y ver cómo se hacen, cuánto tiempo se emplea en hacerlas e identificar qué pasos podemos omitir o eliminar sin que afecten al resultado final del producto o servicio que ofrecemos a nuestros clientes.

En el caso de la fabricación de un producto, debemos identificar qué elementos de los que pensábamos añadir en el diseño inicial del mismo podríamos eliminar sin que se viera afectada la funcionalidad del mismo.

Esto último es lo que Jobs aprendió cuando trabajaba en Atari. Atari es una empresa dedicada a desarrollar, publicar y distribuir videojuegos para consolas y computadoras. Estos videojuegos no traían largos manuales de instrucciones, por lo que deberían ser lo suficientemente sencillo como para que cualquier usuario pudiera jugar con ellos.

Por ejemplo, el juego de Star Trek solo traía las siguientes instrucciones:

  1. Introduce una moneda.
  2. Evita a los klingon.

Estos fueron los inicios de Jobs en una técnica de liderazgo que perfeccionó con el paso de los años.

Asistió a unos seminarios de diseño en el Instituto Aspen a finales de los setenta en el que esa pasión por la sencillez se acrecentó y refinó.

[Tweet “Haz que la búsqueda de la secillez sea la base de tu éxito”]

Desde entonces Jobs persiguió la sencillez que se alcanza cuando se conquista la complejidad. Para él lograr esta sencillez o simplicidad significaba ofrecer al usuario una máquina que se adaptara a él de forma intuitiva, sin tener que recurrir a un manual de instrucciones ni que su uso suponga un desafío para él.

Jobs afirmaba que “Hace falta mucho trabajo para que algo resulte sencillo, para comprender de verdad los desafíos latentes y obtener soluciones elegantes”.

Esta forma de pensar de Jobs se vio muy bien complementada cuando conoció a Jony Ive, diseñador industrial de Apple, ambos buscaban la sencillez profunda, y no solo se quedaban con lo superficial.

Ambos trabajaban conjuntamente para conseguir la simplificación más allá de quedarse solo en un estilo minimalista o en la ausencia de desorden.

Antes de quitar del equipo en cuestión tornillos, botones o exceso de pantallas de navegación se requería comprender en profundidad la función o actividad que desempeñaba cada elemento para no ver afectado el resultado final del producto que queremos conseguir.

Por ejemplo, en el diseño de la interfaz de iPod, Jobs trabajó por encontrar la forma de deshacerse de lo superfluo. Él quería ser capaz de conseguir un producto que con solo tres clicks pudiera entrar en cualquier opción, simpleza total.

Una de las sugerencias que destacan los miembros del equipo de iPod que hizo Jobs fue plantear la posibilidad de eliminar el botón de encendido y apagado del dispositivo. Tras un largo debate, el equipo llegó a la conclusión que era un botón sin gran utilidad, el dispositivo podía apagarse gradualmente mientras no se esté usando y volverse a encender cuando comencemos a interaccionar con él.

Jobs continuaba con su querer simplificar las cosas, en el año 2001 se centró en el iPod y la tienda iTunes. Más tarde continuó con los teléfonos móviles, él veía estos dispositivos y se decía que nadie podía ser capaz de averiguar cómo utilizar sus funciones, ni si quiera entrar en la agenda.

Al final de su carrera quería entrar en la industria de los televisores, su objetivo era conseguir que los usuarios pudieran ver lo que quisieran con un simple click.

Simplificar es una acción que potencia el liderazgo, pero seguramente te estés preguntando ¿qué elementos podría eliminar para simplificar las cosas que hago? ¿Qué es lo más importante que debo mantener para la entrega de mi producto o servicio? ¿Qué puedo obviar y en qué me debo enfocar?

Para poder simplificar es necesario tener claridad ante todo. La claridad hará que desechemos todo aquello que sobra y lo que no agregue valor.

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Esto nos permitirá ser más rápidos en conseguir lo que queremos obtener, dejamos de lado lo que nos retrasa en llegar al final y así conseguimos la simplificación.

Comienza por plantearte la posibilidad de llevarte las cosas a su mínima expresión más potente, sigue las líneas de Steve Jobs y potencia tu liderazgo.