Riesgo sistémico: cómo medir e identificar riesgos no convencionales

Riesgo sistémico

Riesgo sistémico: cómo medir e identificar riesgos no convencionales

Riesgo sistémicoAunque el riesgo sistémico es característico del sector financiero y bancario, no es exclusivo del área financiera, y su impacto negativo puede alcanzar a organizaciones en todos los sectores, públicas o privadas. De ahí la importancia de implementar procedimientos eficaces para identificarlo y medirlo.

Riesgo sistémico, a veces confundido por la similitud fonética con “riesgo sistemático”, presenta importantes diferencias con respecto a este, y con el riesgo convencional. Diferencias que plantean un reto para su identificación, evaluación y medición.

El propósito en nuestra entrada de hoy no es otro que definir el riesgo sistémico, explicar por qué es diferente de otros tipos de riesgos, cómo afecta a las organizaciones de todos los sectores y, sobre todo, cómo identificarlo y medir su impacto negativo.

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Riesgo sistémico – ¿Qué es?

Una definición recurrente y generalmente aceptada sobre riesgo sistémico, nos dice que se trata de la incertidumbre generada por la interrelación e interdependencia que se produce entre los elementos de un sistema o mercado.

Esta definición, sin duda acertada, plantea serios interrogantes para un persona principiante en el tema. Lo primero que debemos entender es ¿qué es un sistema?

Para efectos de gestión de riesgos, un sistema se considera una serie de elementos, unidades o actores, que trabajan en una misma área económica, que interactúan entre ellos y están interrelacionados, y que guardan cierto grado de dependencia unos de otros.

Esto significa que las acciones buenas o malas de un elemento de este sistema, pueden impactar positiva o negativamente a los demás elementos. El sistema financiero es por muchas razones un ejemplo que facilita la comprensión del concepto de riesgos sistémico.

Veamos un ejemplo práctico: el sistema financiero de un país está conformado por un Banco Central y un número apreciable de entidades financieras, bancos comerciales, cooperativas de ahorro, y otros similares. Dentro de este conglomerado de organizaciones, que conforman el sistema, uno de los elementos tiene una evidente participación superior en el mercado.

Este componente del sistema, que es un banco, incurre en malas prácticas y, además, realiza inversiones de alto riesgo en el exterior, lo que conduce a un menoscabo patrimonial sorpresivo, que, al descubrirse, conduce a que los ahorradores, inversionistas y clientes en general, retiren sus fondos de forma masiva.

Dentro de estos clientes e inversores se encuentran algunas organizaciones, de menor tamaño, que también forman parte del sistema. Se produce un efecto dominó, al que se agrega pánico financiero, que conduce a que ahorradores y clientes de organizaciones del sistema, que han sido ajenas hasta el momento al colapso, concurran a retirar fondos, causando una iliquidez repentina en todo el sistema.

Una organización, que fabrica zapatos, requiere una inyección de capital para un proyecto de ampliación que generará nuevos empleos y una mayor rentabilidad en muy poco tiempo. Esta organización, que ya ha realizado importantes inversiones para este proyecto, contaba con el apoyo de su banco para financiar la etapa final de esta operación. Por supuesto, no obtiene los recursos que esperaba del sistema financiero, y la organización, que no tiene la capacidad para absorber el golpe, cierra operaciones y debe ser liquidada.

Podríamos seguir la cadena de impacto negativo que el riesgo sistémico generó. Pero, hasta este punto, queda claro qué es un riesgo sistémico y qué tan grave puede llegar a ser, aún para organizaciones por fuera del sector financiero.

Riesgo sistémico vs riesgo sistemático

El riesgo sistemático también tiene una definición generalmente aceptada: “se trata del riesgo que tiene su origen en causas que están fuera del control de la organización. Se trata, por supuesto, de factores externos o exógenos”.

Algunos ejemplos de riesgos sistemáticos resultarán para entender el concepto son:

  • Fluctuaciones cambiarias, inflación o deflación, incremento de las tasas de interés…
  • Conmoción social o política en un país, guerras, migraciones…
  • Cambio climático, desastres naturales, terremotos, inundaciones…

Si alguno de nuestros lectores piensa que para una organización en particular, el riesgo sistémico propio del sector financiero, puede ser un riesgo sistemático, lleva mucha razón.

Pero, ¿esto indicaría que nos hemos equivocado al decir que el riesgo sistémico no es exclusivo del sector financiero y que puede afectar a organizaciones de otros sectores?

No. Otros sectores de la economía pueden construir sistemas en los que los diferente componentes se interrelacionen. La clave está en la existencia de esta interrelación o dependencia entre uno y otro elemento del sistema.

Pero, por supuesto, es acertado decir que el riesgo sistémico del sector financiero, se convierte en un riesgo sistemático para otras organizaciones, de otros sectores de la economía.

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Medir e identificar los riesgos sistémicos no convencionales

Una característica común a todos los riesgos sistémicos, que resulta muy útil a la hora de identificarlos, es la capacidad de “contagio” que presentan. Por ejemplo, el incumplimiento de las obligaciones de una organización, que hace parte de un sistema, se esparce con vertiginosa velocidad en todo el sistema, bien sea porque afecta real y directamente a otros participantes, o porque genera un efecto psicológico de pánico y recesión.

Entonces, recopilando, encontramos cuatro características que hacen que un sistema sea particularmente vulnerable a amenazas de tipo sistémico:

  • El tamaño del sistema – Un alto número de participantes.
  • El nivel de interconexión entre los participantes.
  • El nivel de dependencia de unos participantes en el sistema, con respecto a otros.
  • La velocidad de contagio o repercusión de los efectos de la ocurrencia de cualquier evento.

Sí identificamos una, algunas o todas estas características, estamos ante una alta probabilidad de ocurrencia de eventos sistémicos. Esto ayuda a disminuir los tiempos de identificación de un riesgo, lo que permitirá actuar a tiempo para mitigar el impacto.

Mitigar el impacto de los riesgos sistémicos

Predecir síntomas o indicadores de riesgos sistémicos es muy difícil. Y lo es, entre otras razones, porque las causas, los sucesos determinadores o cualquier evento que tenga la capacidad de generar este tipo de riesgos, suelen ser mantenidos en secreto con la vana esperanza de tratarlos y evitar el colapso sin que se haga público.

Por supuesto, la característica velocidad de contagio hace necesario que se tomen estas medidas que se asumen como preventivas. Pero esto rara vez sucede. Usualmente, el problema crece y lo hace dentro del más absoluto silencio, aumentando el impacto negativo ya que nadie tiene tiempo de tomar medidas de contingencia ante el desastre.

Sin embargo, hablando del sector financiero, existen algunos factores que permitirían predecir la posibilidad de ocurrencia de un evento de esta clase. Veamos:

La teoría de Minsky

Minsky, economista norteamericano de finales del siglo XX, comparaba el mercado financiero con un lago de aguas tranquilas que, de un momento a otro, se ve convulsionado por una poderosa embarcación dotada con potentes hélices de gran tamaño.

Una vez la poderosa embarcación ha surcado el lago, las aguas continúan agitadas y todos los usuarios de este sistema – peces, turistas, pescadores…- se mantienen cautelosos y a la expectativa de una nueva embestida.

Luego viene un periodo de relativa confianza, en la que poco a poco los peces, los turistas, los niños y los ancianos, regresan al lago, en un principio con algo de desconfianza.

Sin embargo, pasados algunos minutos, la tranquilidad reina y todos han olvidado la arremetida de la potente nave. Entonces, el lago es invadido nuevamente por bañistas, pescadores, turistas, y los cardúmenes de peces vuelven a reunirse. Todo es confianza y tranquilidad. Cualquier medida de protección y prevención queda en el pasado.

El mercado financiero se comporta de manera similar. La poderosa nave es un evento disruptivo, como una gran estafa o la quiebra de un gran banco que deja muchos afectados y que genera el efecto dominó al cual hemos hecho referencia.

En una segunda etapa, pasado un tiempo prudencial, bancos e inversionistas empiezan a reaccionar y ofrecen nuevamente créditos, con cautela y exigiendo garantías cuyo valor respalde ampliamente el valor del crédito.

En la tercera etapa, el mercado es abierto y la confianza ronda por doquier. Se otorgan grandes créditos sin restricción alguna, los intereses son bajos y se aceptan garantías de poco valor, ya que se cree en la buena fe y en el alza del valor de los bienes entregados en prenda.

Cómo es predecible, un nuevo evento disruptivo inicia nuevamente el ciclo. Pero, ¿a qué viene esta explicación? Fácil: identificar en qué etapa se encuentra el mercado financiero, u otro sistema a evaluar, permitirá predecir la posibilidad de que se presente un riesgo sistémico y por ende, tomar las acciones necesarias para tratarlo.

Establecer la volatilidad del mercado

La volatilidad del mercado equivale a las aguas agitadas en el lago. Si los indicadores suben y bajan abruptamente, significa que una nave de gran calado se aproxima. La volatilidad es sin duda un gran predictor de eventos generadores de riesgos.

Utilizar herramientas de predicción

El cubo de riesgos sistémicos es una de muchas matrices creadas para predecir este tipo de eventos. El cubo considera tres dimensiones: desencadenantes, causas e impacto.

Un desencadenante es cualquier evento que tiene la posibilidad de impactar negativamente el sistema. La conmoción política o social, o la inminente quiebra de una gran organización, aunque esta no pertenezca al sistema, pueden ser eventos desencadenantes.

Las causas u orígenes de los problemas pueden ser muchos: factores idiosincráticos, políticos, sociales, generales o particulares. En este punto, la identificación de las causas se puede hacer de la misma forma que se identifican riesgos convencionales. La lluvia de ideas es una herramienta muy útil.

Impacto, que debe ser clasificado como secuencial o simultáneo, y a la vez debe establecerse si es grave o leve.

Formar profesionales en gestión de riesgos

Sin duda, este tipo de riesgos, al igual que los que conocemos como “cisnes negros” o los mismos riesgos sistemáticos, deben ser asumidos por profesionales con el conocimiento y las habilidades que estas amenazas demandan. La calidad de los programas, de los contenidos y de los docentes serán factores relevantes para elegir la formación adecuada.

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